jueves, 23 de febrero de 2017

El viaje

Por circunstancias de la vida he acabado en Sydney, en Australia. Básicamente en la otra punta del mundo. Dicen que si se pudiera cavar un agujero desde Bilbao, uno saldría en Australia. Y es que estamos hablando de 21 horas de vuelo y 3 de escala. Y añadiendo horas de autobús ya que el vuelo salía de Madrid por la mañana y yo me encontraba en San Sebastián. 

Yo había viajado pero sólo por Europa por lo que era la primera vez que cogía dos vuelos tan largos. Además para mí la semana anterior comenzó la odisea y aumentó el estrés cuando la agencia de viajes me indicó que había habido un problema y que quizá no me iban a dejar coger el avión. El estrés de estar sola ante un viaje tan largo, con muchas horas de avión y el miedo que me genera, había que añadirle el estrés de que a lo mejor ni me dejaban pasar.Tras dejarme el autobús en el aeropuerto lo nervios en la terminal fueron inmensos al no saber si podría pasar. Todo salió redondo, no sucedió nada, todo quedó en que la agencia intentó estafarme para que pagara un vuelo más. Mi consejo es que cuando hagan sus reservas a través de Skyscanner, tengan cuidado con la agencia que les toca.

El primer vuelo fue de 7 horas, de Madrid a Abu Dabhi. Iba en ventanilla y cuando nos adentramos por Egipto, a partir de ahí todo lo que pude ver desde el avión era tierra árida. Efectivamente, Oriente Medio era como me lo había imaginado, desierto y tierras secas. Sólo se veía amarillo. De vez en cuando se vislumbraban casas, también diría como me las imaginaba, pero por lo general no había nada. Hubo un momento en el que también se veía el Mar Rojo y fue cuando conseguí sacar una fotografía. Me fascinó poder ver esas tierras áridas desde arriba.

Uno de los peores momentos fue ya en el aeropuerto de Abu Dabhi. El vuelo había ido bien. En Abu Dabhi eran casi las 8 de la noche y era de noche. Había muchísima gente, había cola para hacer escala. Yo intentaba seguir a la gente de mi vuelo pero hubo un momento en el que había tanta gente que me limité a continuar la cola. El personal que “organizaba” (las comillas las pongo porque era un caos) las colas hablaban en árabe, en los megáfonos todo era en árabe o inglés. Después de casi una hora, finalmente conseguí pasar el control y siguiendo los indicadores fui a la búsqueda de la puerta de embarque. La encontré fácilmente y me quedaba otra hora para coger el siguiente avión.

El siguiente vuelo para Sydney era de casi 14 horas. Me quedaba lo peor. Algunas horas pasaron rápido, otras no tanto. Y entonces es cuando te agobias pensando en si todo saldrá bien porque realmente estás dentro de un aparato y estás perdida en el cielo. Intentaba no pensar. Te duele el trasero y de vez en cuando necesitas levantarte para estirarte y ya no sabes ni lo que hacer. Lo bueno es que hoy en día los aviones están equipados con pantallas que contienen series y películas. Yo también llevaba mi portátil así como una novela. Pero son tantas horas… En este vuelo no pude ver a través de la ventanilla porque la mayoría del tiempo era de noche y ya en las últimas 5 horas, aunque fuera de día, había gente durmiendo y no se abrieron hasta el aterrizaje. ¡Lo que sí vi ya desde el avión fue el puente y Opera House muy pequeñitos!

Los vuelos en general estuvieron bien y con apenas turbulencias. También me gustó mucho el personal de ambos vuelos. La compañía con la que volaba era Virgin Australia pero los vuelos eran operados por Ethiad y las y los azafato/as se portaron genial. Tuve miedo pero todo fue bien.
Donde lo pasé peor fue en el aeropuerto en aduanas de Sydney. Fueron dos o tres horas de espera, de hacerte rellenar un formulario y hablarte como si fueras una delincuente, de pasar por varias personas para que todavía te creas más delincuente aunque no hayas hecho nada y de que te cacheen la maleta. Hubo un momento en el que tuve angustia pensando que no me iban a dejar entrar en Australia. Una cosa es poner medidas para entrar a un país y otra ser tan estrictos. Seguro que después dejan pasar a quién no tienen que dejar…

El problema de Australia es que llegas tan cansado y confuso que te empiezas a plantear si un viaje tan largo merece la pena. O quizá es porque es un viaje que me ha venido de sorpresa. Ahora que ya llevo un mes, sigo pensando que es una burrada, especialmente si se viaja solo. Pero es cierto que ha sido una maravillosa oportunidad conocer la otra punta del mundo y que en ese aspecto, soy un poco afortunada. Los siguientes post ya serán sobre ello…

Mediterráneo tierra de pasión…

El clima de un lugar puede determinar en gran medida los estados emocionales de una persona. Se dice aquello de que cuando hace buen tiempo estamos más felices. Y a este pensamiento razón no le falta cuando puedes ir un día sí y otro también a la playa.


El buen tiempo que hace en las Islas Baleares hacen que Mallorca sea un destino muy querido por todos los Europeos. Y muestra de ello es que la isla está preparada también para los europeos, especialmente ingleses y alemanes. En septiembre tuve la oportunidad de estar 5 días y en todos ellos tuve sol y 30 grados.

Me pareció un destino ideal para vivir aunque hoy en día dicen que en agosto la isla está a rebosar de turistas. A pesar del gran número de visitantes que esta isla recibe, hay una infinidad de calas y playas con aguas cristalinas que escoger. Pero Mallorca no es sólo costa, Mallorca también tiene la Sierra de la Tramontana. Mallorca lo tiene todo.

Nosotros alquilamos un coche, que estaba en buen precio, y cada día nos acercábamos a una parte de la isla aunque nos encontrábamos alojados en la misma Palma. La propia capital desprende encanto a pesar de no tener playa (pero sí costa y puertos). El casco histórico y sus estrechas calles están hechos para recorrerlos, especialmente al atardecer. Gracias al buen tiempo veraniego, cuando se ponía el sol, el ambiente que emanaba la ciudad era acogedor. Había mucha vida por las calles, puestos, tiendas que vendían las típicas ensaimadas, queso de Mahón (Menorca) y sobrasada por doquier… También proliferaban los bares y restaurantes. Probamos uno de los platos típicos, el tumbet, un plato que lleva berenjenas, patatas, pimientos rojos y tomates fritos en rodajas. Otro paseo obligado para los atardeceres me parece el del paseo marítimo y el paseo en donde se encuentra ubicado el Palacio Real de la Almudaina construido en el siglo XIV. Es a través de estos puntos en donde se puede ver el mar.

Considero que mereció la pena haber alquilado el coche ya que hay muchos puntos de interés en esta isla balear y en una hora se puede recorrer de una punta a la otra. La Tramontana, muy transitada en invierno por ciclistas y esquiadores, tiene en sus faldas localidades como Sóller. Es un pueblo rodeado de montañas y el color verde. Una de las atracciones de Sóller es el tren de madera que transita por el centro de la localidad y que recorre varios pueblos más.

La parte montañosa a través de la cual se puede vislumbrar el mar se sitúa en la Alcudia, yendo desde el puerto de la Alcudia y pasando por el puerto de Pollença, hacia el Cabo de Formentor. Las vistas desde arriba son espectaculares y abajo, Formentor tiene mucha vegetación y playas paradisiacas.

Para playa paradisiaca no podía dejar de mencionar Es Trenc, muy cercana a Palma de Mallorca. Sus aguas son unas de las más cristalinas y cálidas de la isla.

Volviendo al hilo de las playas y calas, hay una infinidad de ellas que se van encontrando a medida que se va con el coche. En nuestro caso nos parábamos un rato a descansar y a nadar y otra vez volvíamos a coger el coche para acabar en una siguiente cala o playa. El encanto de todas ellas era la combinación de verde, rocas y aguas cristalinas. Recorrimos tantas que no nos acordamos de todos los nombres. Me acuerdo de la Cala Mondragó, que está ubicada dentro de un parque natural porque era una bonita mezcla de playa y calas con el bosque mediterráneo.

Uno de los lugares más bonitos también es Sa Calobra. Allí además de haber una cala, continuando con el paseo uno puede encontrar unas rocas de altura y una cueva para pasar a una mini playa. El encanto de Sa Calobra se sitúa detrás de la cueva ya que se puede vislumbrar un valle y un río rodeado de arena. Este río, en general en verano se encuentra prácticamente seco.


Nos quedamos con ganas de estar más tiempo ya que probablemente, hay más paraísos escondidos por la costa balear. También nos quedamos con la idea de que es un buen lugar para vivir. El dueño del Airbnb nos comentó que el invierno dura poco en aquella zona del mediterráneo por lo que, quién sabe si algún día volveré…

jueves, 21 de mayo de 2015

Con el arte hemos topado

Hace dos años que tuve la suerte de conocer la ciudad italiana de Florencia o Firenze. Estaba esperando un hecho al que poder unirlo para poder escribir este post, pero un aniversario también es una buena escusa para ello. Por fin visité aquella ciudad que anhelaba conocer ya que todos los libros de texto escolares la mencionaban cuando nos tocaba trabajar el arte y arquitectura. 

            Me maravillé desde el inicio ya que el primer punto de visita fue subir al mirador Piazzale Michelangelo. Desde allí se puede ver la imagen completa de la ciudad y deleitarse desde lejos de su arte y belleza. Esta localidad que cuenta con alrededor de 370.000 habitantes es preciosa, tanto desde fuera, como cuando se está paseando por sus calles de piedra.

            No es para menos que esta localidad capital de la Toscana aparezca en los manuales. La ciudad alberga el arte por doquier. El centro histórico constituye una belleza refinada levantado sobre sus suelos de piedra perfectamente alienados. Todavía hoy se palpa lo que en su día sería una ciudad rica y próspera en el periodo del Renacimiento bajo el dominio de los Medici.

            De Firenze cabe destacar La catedral de Santa Maria del Fiore así como su majestuosa cúpula de Filippo Brunelleschi como muestra del arte en mayúsculas que dejan a uno boquiabierto. Aquel día no podía dejar de admirar una y otra vez la catedral desde sus distintos ángulos. Ofrece una imagen pictoresca ya que el monumento utiliza colores vivos como el verde o rosáceo y los combina con el blanco mármol. Su fachada es también característica puesto que cuenta con tres puertas de bronce.

             El río, al igual que otras muchas localidades, es una de sus atracciones más espectaculares. Y más que el propio río Arno, lo es su puente Ponte Vecchio (Puente Viejo). Se trata de uno de los puentes de piedra más antinguos de Europa y que conserva casas colgantes encima del mismo. Construido en el siglo XIV, fue lugar de vivienda de carniceros y matarifes aunque Fernando I alegó que desde el puente se desprendía el mal olor de la carne y prohibió que continuaran allí asentados. Actualmente, estas viviendas se han convertido en joyerías y tiendas exclusivas llamativas para los turistas.
Además de Ponte Vecchio, otro de los símbolos de la ciudad es la obra de arte “David” de Miguel Ángel (Michelangelo Buonarroti) que se encuentra ubicada dentro de la Galería de la Academia de Florencia en la plaza de la Señoría (en la plaza hay una réplica). Además, para los amantes del arte, está el palacio Galería Uffici en donde se encuentran muchas de las obras de arte de la historia. Hay diferentes salas dedicadas a autores como Boticelli o Giotto di Bondone. A pesar de que la ciudad pueda verse en un día, para poder visitar todo el museo Uffici se necesita otro día.  

             Firenze también cuenta con muchas pequeñas pastelerías o chocolaterías y es famosa por su solomillo. Su plato típio se denomina “Bistecca alla Fiorentina”. Este solomillo de ternera o buey contiene un espesor grueso e incluye el hueso (en forma de T). Se realiza a la parrilla y se suele sazonar con aceite de oliva y pimienta negra.


              Si algo caracteriza a Roma y Firenze es que en ambas se tiene la sensación de viajar en la historia. Son ciudades bucólicas que merece la pena visitar.  

lunes, 8 de diciembre de 2014

Enamorarse de París

Aprovecho que algunos están de "puente" para recordar un viaje que realicé en uno de los pocos puentes que en el Reino Unido existen, en mayo. A continuación describo la visita turística en dos días, más o menos la misma que llevé a cabo.

No se confundan. París no es la ciudad del amor, París es una ciudad que enamora. Basta con adentrarse por las calles más cercanas al río Sena y pasear desde la Torre Eiffel hasta la catedral de Notre Dame para comprobarlo. No hay nada como desayunar un croissant y empezar la jornada visitando el museo del Louvre. Incluso para el que no entra, ya sólo por fuera tienen para deleitarse arquitectónicamente y admirar los jardines que le rodean.
 
Cuando al mediodía el hambre apremia, es mejor no dejar de lado la exquisita cocina francesa. Por ello es recomendable el típico plato de carne de pato acompañada de una guarnición de patatas panaderas en restaurantes como en una 'Brasserie', con espectaculares vistas al Sena.

Para seguir con el proceso de enamoramiento de la urbe, el siguiente paso a seguir es la “isla” y su Puente Nuevo, siempre recorriendo las orillas del Sena, partiendo desde el Louvre y caminando hasta Notre Dame. Por si la imponente catedral gótica no fuera suficiente, subir a Montmartre puede dejar a uno maravillado. No sólo porque la colina a lo alto deja entrever la ciudad, sino porque una vez arriba, las calles estrechas y tiendas exclusivas crean la identidad de París, un punto de encuentro para el arte y el Moulan Rouge, en donde lo tradicional y lo moderno se entremezclan.

Una jornada agradable de paseos infinitos, se debe terminar con un buen descanso en un lugar en el que se pueda ver desde el cuarto iluminada la Torre Eiffel. Meudon-sur-Seine es uno de esos lugares estratégicos. Por fortuna, me alojé en casa de unos amigos que viven en esta zona y con estas vistas, pero deduzco que al estar en las afueras, se pueden encontrar hoteles no tan caros.   

Descansen, descansen, que al día siguiente toca subir a la Torre Eiffel, visitar Los Inválidos, el Arco del Triunfo así como Los Campos Elíseos y sus tiendas de alto caché.

jueves, 30 de octubre de 2014

No hay nada como ir a una ciudad de mar...


               Cuando se vive en una urbe como Londres y se echa de menos la brisa del mar. Esa ciudad es Brighton. Para la mayoría de los habitantes londinenses, suele ser una escapada o excursión obligada para desconectar debido a su cercanía y su buena conexión con el tren. 

Brighton es atractiva en cuanto a su mezcla de estilos. Es una típica ciudad pesquera que pasó a tener su toque elegante cuando en el siglo XIX tras la llegada del ferrocarril, comenzó a crecer y a ser visitado por la aristocracia. Es una ciudad dinámica, llena de arte, en la que hay espectáculos y eventos culturales durante todo el año.

•    Son de visita obligatoria el exótico Palacio real, Royal Pavilion, un edificio de estilo neo-oriental y que personalmente llamo el pequeño Taj Mahal (a pesar de no haber estado en India) construido para George IV como lugar de retiro ;  así como las calles centrales de la urbe denominadas “The Lanes”. En ellas, hay tiendas y comercios exclusivos y tradicionales así como pubs al estilo inglés que llaman a la curiosidad y a ser "visitados por dentro".

Tampoco se debe dejar la ciudad sin haber pasado por  el  largo paseo marítimo. Uno puede optar por pasear por la parte de arriba en donde se ubican los diferentes edificios señoriales, o por la parte de la playa, en donde se ubican las típicas casetas de playa de colores y en donde proliferan los puestos, bares y restaurantes, así como tiendas que venden pescado fresco. 

      En una parte del paseo se encuentran el Sea Life Centre, el más antiguo de los acuarios del país, así como el famoso muelle Brighton Pier. Es un muelle que se adentra en el mar y que alberga un parque de atracciones muy antiguo pero todavía en funcionamiento (para los que lo conocemos, un parque de atracciones tipo el de Donostia-San Sebastián). Un lugar agradable por el que pasear se deleita con el mar y con los puestos de dulce, algodón de azúcar o el famoso dulce The Brighton Rocket. 

martes, 17 de septiembre de 2013

No sólo debería ser visitado por el Costa Concordia

En el calmado Mediterráneo y en la región de La Toscana, se sitúa la pequeña isla del Giglio, conocida por el accidente de la nave Costa Concordia que tuvo lugar el 13 de enero de 2012 en la misma. En sus 23,80 kilómetros cuadrados viven sólo alrededor de 1.500 habitantes repartidos en tres poblaciones, Giglio Porto, Giglio Campese y Giglio Castello, siendo el resto vegetación y calas. La isla está muy cerca de la península italiana y su puerto está conectado especialmente con el puerto Porto Santo Estefano, precisamente la parte de la península más cercana a Giglio.

Por motivo de la cercanía se puede ir a visitar la isla en barco en un trayecto aproximado de una hora. Además de ver el gran barco encallado que por un año más continuará formando parte del paisaje en la isla, lo primero que se ve al llegar a Giglio Porto son unas casitas de colores y pintorescas. Es la población con más movimiento porque es donde el puerto está situado. Durante el verano son muchos los comercios que están abiertos al público y en donde se puede dar un paseo agradable. En ambos extremos del pueblo tanto turistas como gente del pueblo aprovechan para darse un baño en la época estival. En uno de ellos, en donde a pocos metros está el Costa Concordia, hay una playa y en el otro extremo, hay unas calas a través de las cuales se aprecia el agua cristalina que puede cautivar a más de uno.

Sin embargo, para ir a la playa, mucha gente suele optar por coger un autobús rumbo a Giglio Campese, un lugar menos turístico. Giglio Castello por su parte, se caracteriza por estar ubicado en una colina, a unos 400 metros, y por su castillo. Dentro de sus murallas se pueden apreciar calles estrechas y viviendas. Se trata literalmente de un pueblo dentro de sus murallas.


Giglio  está cerca de otra isla pequeña que se puede visitar incluso en la excursión del mismo día, comprando un billete de barco tanto para Giglio como para esta otra mini isla denominada Giannutri.  Giglio y Giannutri pueden ser un buen plan para pasar el día si uno está de viaje por el Monte Argentario (lugar a través el cual se accede a Giglio).

domingo, 18 de agosto de 2013

Ferragosto en Siena

Ferragosto es un término acuñado por la población italiana para denominar a la fiesta del 15 de agosto porque se trata de una fecha señalada para salir de vacaciones. Una de las localidades más bonitas de la Toscana junto con Florencia seguramente sea Siena, e ir en Ferragosto se antoja apetitoso teniendo en cuenta que la ciudad se encuentra inmersa en sus fiestas. Esta pequeña urbe toscana tuve la oportunidad de conocerla hace un año.
Tradicionalmente Siena celebra siempre los 2 de julio y 16 de agosto el Palio de Siena. Estos días se celebra una carrera de caballos que se denomina Palio y que tiene lugar en la plaza de la ciudad, en concreto en la Piazza del Campo. Son competiciones de origen medieval en la que participan las distintas ‘contradas’ de la localidad que equivalen a lo que conocemos como distritos. Los miembros de cada contrada se suelen juntar para ir de comida o cena e incluso ponen el ambiente musical por las calles. En el momento de la competición también crean un buen ambiente ya que jalean y animan a su respectivo equipo. Además, cada una de las contradas tiene su propia bandera.
Al igual que las carreras, Siena es una ciudad estructuralmente medieval y muestra de ello es por ejemplo su catedral construída en el siglo XIII obra del arquitecto Giovanni di Agostino. También la Torre del Mangia situada en la Piazza del Campo y el Palacio Público (el ayuntamiento hoy en día) son de carácter medieval.
No obstante, históricamente Siena ha sido un asentamiento etrusco y romano. De hecho, la leyenda también relaciona a la loba que amamantó a Remo y Rómulo con Siena y por ello hay estatuas del animal por la ciudad.
Gastronómicamente hablando, al igual que la propia Toscana, Siena cuenta con sus peculiaridades culinarias. En cocina destaca la ‘bistecca alla fiorentina’, carne de cerdo, asada a la brasa y que adopta la forma de ‘T’ ya que se cocina una parte del cuerpo en el que sobresale un hueso y contiene esta forma. En cuanto a pastelería, no hay que dejar de probar el delicioso ‘Panforte’, una especie de torta elaborada con frutos secos y fruta confitada. 

domingo, 21 de julio de 2013

En Londres es obvio que uno se pueda encontrar de todo pero parece impensable que en el centro de la ciudad pueda uno toparse con un puerto. Así es y St Katharine Docks es una muestra de ello. Son muelles que están conectados al río Támesis y situados en el lado este del puente Tower Bridge. Está ubicado en frente de la Torre de Londres y detrás de un hotel situado a las orillas del propio río. En sus orígenes se trataba de un hospital construido en el siglo XII. Sin embargo, una norma de 1895 que impulsaba el desarrollo de la ciudad mediante la construcción masiva de edificios, provocó que muchas de las viviendas colindantes al hospital y el hospital fueran demolidas. Ingenieros como Thomas Telford se encargaron de llevar a cabo la planificación urbana de la zona así como de crear un canal de agua conectado al río así como un pequeño puerto. Comenzó a usarse en 1828 con el inconveniente que nunca pudo ser un puerto con mucho movimiento naviero ni daba capacidad a barcos muy grandes. Durante la Segunda Guerra Mundial un bombardeo produjo serios daños en estos muelles que a punto estuvieron de cerrarse debido a su poco tráfico naval y el poco espacio para incluir naves grandes. En 1968, St Katharine Docks pasó a ser gestionado por el Ayuntamiento de Londres que lo reconstruyó a través de edificios modernos y comerciales.
Hoy en día es una zona de recreo y de paseo y no con fines comerciales navieros. Es una área en la que confluyen edificios de oficinas, viviendas, comercios y restaurantes. Es idóneo para pasear y deleitarse con los diferentes yates y barcos que se encuentran amarrados entre todos los edificios. Las mejores vistas se las lleva el pub the Dickens Inn, un establecimiento que ocupa varias plantas de un edificio y que está situado en una mini plazoleta del propio puerto. Se trata de un edificio muy florido ya que su fachada está decorada con flores y plantas de todo tipo.

domingo, 9 de junio de 2013

Naturaleza que da lugar al romanticismo

Hay un lugar en Londres que se puede considerar romántico debido al enclave en el que se encuentra situado. Hablamos del distrito de Richmond, ubicado al suroeste y a las orillas del río Thamesis. Rodeado de parques y rodeado de edificios señoriales, Richmond es perfecto para pasear y tomar algo una tarde de fin de semana.

El nombre del distrito se debe a que en el siglo VI fue encontrado un edificio perteneciente a Enrique VII denominado Richmond Palace. Históricamente ha sido un lugar que a la realeza y gente notable se le antojaba atractivo. Pero realmente empezó a crecer a partir de la mitad del siglo XIX tras la construcción de una estación de trenes.
Hoy en día, Richmond es conocido por la gran cantidad de parques y jardines que lo rodean que lo convierten en un lugar muy bonito. Uno de los más grandes parques es el Ricmond park, famoso por los ciervos que habitan en él.
Asimismo, Richmond es un lugar activo en lo que al comercio y hostelería se refiere. De hecho, en primavera y verano se suelen organizar eventos al aire libre, así como ferias de diversos tipos.


Esta zona de Londres no deja a nadie indiferente por su belleza natural y señorial además de tratarse de un sitio en el que se pueden dar largos paseos en contacto con la naturaleza. Este sentimiento se magnifica más si cabe, si se tiene la suerte de ir cuando hace bueno. 









viernes, 24 de mayo de 2013

La ciudad de los contrastes



Italia de norte, del centro y del sur son diferentes, al igual que en España. En Italia, como norma general el norte es más rica económicamente y es más ordenada. A medida que se va descendiendo hacia el sur estas características van cambiando. Y estar en Nápoles es encontrarse en un lugar sin ley y en el caos. Es adentrarse en lo que uno podría imaginarse un país en desarrollo (no olvidemos que son países en desarrollo porque los países “desarrollados” han provocado tal situación). Esta ciudad del sur de Italia de alrededor de 1 millón de habitantes y ubicada a dos horas en coche de Roma, es caos, es suciedad aunque también es artesanía, gastronomía e historia.

Históricamente tuvo una gran influencia española y de ahí que existan el barrio español o calles con el nombre de Toledo. El nombre de la calle se debe al virrey Pedro Álvarez de Toledo que la construyó en 1536. El centro histórico está lleno de contrastes que dan a Nápoles un punto de belleza particular ya que uno puede moverse entre edificios burgueses y palacios, como sucede en la Via Toledo, pero a la vez ver cables colgando, bocacalles muy estrechas, gente de todos los tipos y un poco de basura depositada de días atrás. Rebosa historia porque en las afueras se sitúa el yacimiento Pompeya y también porque en la propia ciudad hay una ciudad subterránea. Debajo de la Nápoles actual hay catacumbas así como galerías y bañeras termales. Hoy en día es sólo un museo pero en el pasado muchas de las calles estaban conectadas con esta ciudad subterránea. En la época romana los cristianos perseguidos se refugiaban en ella y también en la segunda guerra mundial se utilizó como refugio a los bombardeos.

Por otro lado, la artesanía también está muy ligada a la ciudad y no hay más que acercarse a calles como Via San Gregorio Armeno para comprobarlo. Se trata de una de las calles más peculiares de la ciudad precisamente por sus comercios tradicionales artesanales y por una estructura con un arco situada en la mitad de ésta. Otros de los puntos de interés son la Galería Umberto I, muy elegante arquitectónicamente, y la Plaza del Plebiscito. Se trata de una plaza de grandes dimensiones que cuenta con teatros, palacios y edificios de interés a su alrededor. En la propia plaza se encuentra la basílica neoclásica de San Francisco de Paula.


En lo que a la gastronomía se refiere, no podemos dejar de mencionar las pizzas, entre ellas la Margarita ni tampoco los dulces. Algunos de los postres más destacados son los pasteles denominados Sfogiatelle y Babà o la tarta llamada Pastiera. El ingrediente principal de la Sfogiatelle y la Pastiera es el queso Ricotta aunque el primero también se elabora con trozos de fruta confitada así como vainilla y canela. El Babà, se podría decir que es similar a los pasteles “borrachos” ya que está envuelto en licor. Curiosamente estos pastelitos de licor tienen forma de hongo.

La costa
En Nápoles pasear por la costa se hace imprescindible especialmente como contrapunto a la actividad ciudadana y para poder presenciar el volcán Vesubio. Pasear por la costa es agradable a pesar de que en esta parte de Italia no haya playas. Uno de los paseos más bonitos de la ciudad puede ser el que conduce al castillo del Ovo. Además, desde el centro de la ciudad se puede acceder a una colina mediante un funicular para poder presenciar las vistas al mar.

jueves, 2 de mayo de 2013

Ambiente universitario y relajante


Cuando se habla de la ciudad de Cambridge, la prestigiosa universidad inglesa y los exámenes oficiales de inglés como el First vienen a la mente de uno. Sin embargo, esta localidad de alrededor de 100.000 habitantes es más que una ciudad universitaria -aunque su fama se debe a que es la segunda universidad de habla inglesa más antigua-.

Es cierto que se trata de un lugar dinámico en el que hay mucho movimiento de gente, especialmente de jóvenes. Pero Cambridge va más allá al tratarse de un enclave muy unido con la naturaleza. En sus orígenes pareció ser un asentamiento romano y con los años esta localidad ha ido creciendo alrededor del río Cam. Uno de sus puentes 
es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad y de hecho, el propio nombre de la ciudad traducido del inglés significa “el puente de Cam”. Precisamente, Cambridge emana tranquilidad gracias al largo paseo existente a las orillas del río. La mayoría del camino cuenta con vistas al río en un lado, y con vistas al campo en el otro lado.

Esta pequeña ciudad “que nunca duerme” porque cuenta con numerosos establecimientos, pubs y servicios como el de alquiler de canoa, también posee edificios como King´s College y su capilla. El King`s College, creado en 1441, es uno de los colegios que hoy en día constituyen la Universidad de Cambridge. Su capilla, es uno de los iconos más significativos de la ciudad. Es de estilo gótico y en ella se ofician tanto actos religiosos como conciertos de coro y eventos del Colegio.

Cuando uno habita en el Reino Unido y busca relajarse y sentirse joven, no tiene más que acercarse a pasar el día a Cambridge, ubicado a una hora de Londres aproximadamente.

miércoles, 10 de abril de 2013

Un parque con 'nivel'


Con la llegada de la primavera, la fundación italiana sin ánimo de lucro denominada Fondo Ambiente Italiano (FAI) dedicada a la conservación y respeto de la naturaleza, ha ofrecido una “jornada de puertas abiertas” (aunque normalmente la entrada al parque cuesta 6 euros) a los paseantes que quisieron deleitarse con la belleza natural que desprende el parque Villa Gregoriana situado en la localidad de Tívoli.

Esta población de alrededor de 55.000 habitantes que se encuentra a 40 minutos en coche de Roma, es precisamente un lugar con encanto gracias a la existencia de este parque “en pendiente” ubicado en las faldas del Monte Catillo. El río Aniene, que es un afluente del Tevere, atraviesa la localidad de Tívoli y es probablemente el gran protagonista de este peculiar parque. Históricamente el río se desbordaba a su paso por la ciudad en las épocas de lluvias que tienen lugar especialmente en invierno. Además, cabe destacar que en 1826 falleció mucha gente cuando las inundaciones causaron el derribo de algunos edificios. A consecuencia de este acontecimiento, en 1834 el Papa Gregorio XVI  mandó crear al arquitecto Clemente Folchi dos túneles en este monte con el fin de desviar el agua monte abajo. Así, posteriormente se llevaron a cabo las obras de remodelación del parque.

La cascada
Tras la construcción de estas dos galerías se puede decir que una de las atracciones del parque hoy en día es su cascada de 120 metros, especialmente cuando el caudal del río es más abundante. Sin embargo, no es la única cascada existente ya que en toda la ladera del monte hay una serie de pequeñas cascadas naturales que también brindan un toque de hermosura al parque.

Villa Gregoriana fue construida sobre algunas ruinas romanas ya que el Imperio Romano también había dejado sus huellas en esta localidad italiana. Asimismo, el parque se creó a los pies de la antigua acrópolis de la ciudad. Es por todo ello que el parque alberga un gran valor histórico y artístico a parte del sabido valor natural. En las faldas del monte uno se puede encontrar con bosques, senderos y grutas naturales. Al tratarse de un parque a desnivel existe una ruta para atravesar este parque. La ruta cuenta con vistas espectaculares al valle creado por el río Aniene y al monte Belvedere situado al otro lado del valle. El recorrido del parque termina en el Puente Gregoriano y el templo de Vesta. Se trata de un templo romano de estilo corintio que aún conserva parte de su arquitectura. Es sin duda, otro punto a través del cual se puede admirar el paisaje natural.

Gracias a la FAI el parque poco a poco va recuperando vida ya que no todo el parque ha estado siempre abierto al público por motivos de suciedad. Antiguamente se depositaban gran cantidad de residuos en esta pendiente del monte por lo que la fundación se encarga de recuperar y mantener la belleza de un parque natural para las próximas generaciones. Y es que Villa Gregoriana es un rincón natural con historia que no se puede descuidar.

viernes, 29 de marzo de 2013

Stafford, typical English

En el corazón del Reino Unido, aproximadamente a dos horas en tren desde Londres y muy cerca de Birmingham, se encuentra situada esta localidad de alrededor de 60.000 habitantes. Stafford es mucho más que su hospital que está de actualidad debido a sus casos de negligencia.


 En comparación con Londres, uno puede llegarse a sentir en el campo como si estuviera en un pueblo rural de 1.000 habitantes ya que todo lo que le rodea son praderas y colinas. Tuve el placer de conocer la localidad hace casi 12 años (porque me concedieron una beca para aprender inglés durante el mes de agosto) y por segunda vez el año pasado. Y es un lugar tranquilo y perfecto para desconectar. Es una localidad en la cual sus habitantes son campechanos y más naturales que en Londres, es la esencia inglesa.
Históricamente, Stafford ha sido un enclave industrializado porque estaba situado alrededor del río Willimantic y a visto su desarrollo gracias al transporte ferroviario a partir de los años 20.













El centro de la ciudad es pequeño y fácil de recorrer, no tiene pérdida. El punto más bucólico de la ciudad se encuentra en la Iglesia de St. Chad´s, construída a finales del siglo XI. Está rodeada de jardines públicos que albergan a su vez la plaza de la localidad.
Además, en uno de los extremos de la plaza hay un restaurante-cafetería de dos plantas vintage y elegante, idóneo para desayunar uno de los típicos productos ingleses, el Scone. Se trata de un bollo de pan de harina, centeno o avena y de mantequilla y éstos se suelen rellenar o con pasas, frutas o chocolate.

A través del edificio eclesiástico se puede acceder a las calles colindantes con casas bajas -un par de ellas hechas a madera- de estilo inglés. Detrás de la iglesia también se encuentra la calle principal. Esta avenida es muy colorida en verano, cuando colocan plantas y flores colgando de columnas y farolas. En ella está el ayuntamiento de Stafford así como la Galería de arte contemporáneo Shire Hall. Asimismo, en el centro se puede ver la "Ancient High House", edificada por la familia Dorrington con madera de roble de los terrenos de la propia localidad y al estilo "timber framing", o lo que es lo mismo, creada mediante estructuras de armadura. Fue una casa real en tiempos de la guerra civil inglesa y hoy en día es un museo de la historia. Por otro lado, también Stafford cuenta con un edificio teatral denominado "Stafford Gatehouse Theatre".

En las afueras de la localidad y dentro del propio condado de Stafforshire, existe un elenco de lugares a los que asistir como por ejemplo el castillo, gran parte de él derruido o Shugborough Estate. Esta última es una mansión enorme situada en medio de jardines señoriales. Ya lo ven, en contrapunto a las grandes ciudades, las pequeñas localidades también pueden sorprender a los visitantes.